
Emboscada
Llegué a la encrucijada del camino. Presentía amargos, presagios obscuros. Agotada sorbía soledades, la callada armonía del silencio de adentro, del que silba canciones tristes, mientras los pies descalzos y heridos van dejando huellas de sangre entre los pedruscos sin destino. No hay con quién hablar. Cuando de ti renuncian, no hay palabras, todo es inútil, no hay regreso a la vida del sueño, de la ilusión del tiempo. Una emboscada de sentimientos confusos me arrastran. Debo elegir, ante mí dos atajos, dos. Mientras yo, sólo quiero cerrar los ojos y dormir hasta el fin de los siglos, siendo ausencia y nada.
Migdalia B. Mansilla R.
Julio 30 de 2009
Llegué a la encrucijada del camino. Presentía amargos, presagios obscuros. Agotada sorbía soledades, la callada armonía del silencio de adentro, del que silba canciones tristes, mientras los pies descalzos y heridos van dejando huellas de sangre entre los pedruscos sin destino. No hay con quién hablar. Cuando de ti renuncian, no hay palabras, todo es inútil, no hay regreso a la vida del sueño, de la ilusión del tiempo. Una emboscada de sentimientos confusos me arrastran. Debo elegir, ante mí dos atajos, dos. Mientras yo, sólo quiero cerrar los ojos y dormir hasta el fin de los siglos, siendo ausencia y nada.
Migdalia B. Mansilla R.
Julio 30 de 2009